jueves, noviembre 17, 2005

tagging social y profesional


Llevo unos días atacado y lo que me queda, así que toca ser telegráfico.

Uno de los aspectos más relevantes de la cosa 2.0 es el concepto de folksonomías, algo que traté en su momento y sobre lo que voy a volver a buen seguro.

Por más que sea un concepto apasionante, una posible herramienta básica en el desarrollo de la inteligencia colectiva, me parece que está muy arriba en la brecha digital. Aunque sea un concepto simple, hay que dar dos saltos conceptuales:
  • Aplicarlas en provecho propio
  • Usar sólas o en combinación las etiquetas ajenas
De esta manera, sólo quien esté muy adentrado en el lado bueno de la brecha digital tiene posibilidades reales de sacarle partido, porque supone implícitamente una serie de conocimientos previos y, sobre todo, de experiencias de lo que es buscar, usar, construir y compartir información en internet.

Las aplicaciones y plataformas que están ofreciendo servicios de tagging están experimentando un crecimiento muy rápido... pero, aún sin datos completamente sólidos, diría que sólo entre los usuarios consolidados de internet. Incluso parece razonable asumir que no todos los usuarios de flickr sacan provecho a las tags, sino sólo su núcleo central de power users.

Lo que me parece especialmente interesante, al hilo de lo apuntado arriba, es que la popularización del tagging puede ser un buen indicador del avance respecto a la brecha digital (no el único, claro, pero sí comparado entre países, entre motivos de acceso a internet, etc.)

En cualquier caso, lo que ha terminado de atrapar mi atención es el hecho de que soy un taggero profesional. Si las folksonomías son el resultado del uso colectivo, incontrolado y útil por mera acumulación de usuarios y tiempo de las etiquetas, existen desde hace 10 años una serie de herramientas CAQDA (Computer Aided Qualitative Data Analysis) que se sirven de una versión mucho más controlada y precisa del principio de etiquetar: el usuario, un analista académico o profesional, reúne sus datos no estructurados (textos -entrevistas, diarios de campo, lo que sea-, fotos -material de campo o archivo, radiografías, lo que sea), y les aplica por medio de la aplicación de su elección distintos códigos para describir el significado específico que para él tiene cada elemento de sus datos. Cuando se lleva un tiempo acumulando trabajo con una herramienta CAQDA, la diferencia de resultados es dramática.

Imaginaos lo que es buscar entre mis cientos de informantes de una base de conocimiento de más de 700000 palabras (algo más de 1500 folios a un espacio), las declaraciones de mis informantes (sin hogar, por poner un caso) conectadas con el uso de los animales de compañía como recurso emocional y como fuente de ingresos. A pelo, artesanalmente, como que no. Estas y otras cientos de preguntas que le hago a mi base de conocimiento cuando analizo, tienen respuesta (ordenada, manejable) en unos segundos.

Una imagen vale más que mil palabras, dicen. Pulsad sobre la imagen para ver la captura a tamaño real.

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