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martes, marzo 24, 2009

primeras impresiones del DR1000

Es un lector de ebooks y, si nos ponemos, edocs, para trabajar. Tal cual. Le he metido unos cuantos artículos, y ha sido un auténtico placer trabajar con ellos. Perdonadme la insistencia, pero no encuentro mejor forma de describirlo:
  • documentos A4 prácticamente a tamaño real, perfectamente legibles y subrayables
  • capacidad para renderizar documentos con los que mi cybook no puede
  • puntero más exacto y rápido que con el Iliad primera generación. Lo que escribo se puede leer, máxime cuando encima tengo más espacio para escribir
  • Sorprendentemente ligero para su tamaño. No soy el primero en decirlo, pero cuando lo sostienes en las manos por primera vez sorprende lo poco que pesa para el tamaño que tiene. Esto es esencial para poder trabajar con libertad. He trabajado mayoritariamente arrellanado en mi sillón, y el peso no me ha supuesto un límite para echarle horas

  • Ya que hablamos de escribir y marcar, sigo sin entender por qué IREX sigue renunciando a la implementación de una funcionalidad de comentarios usando un teclado virtual. No hablo de tecnología aeroespacial: hablo de lo que Adobe Acrobat y Mobipocket para PC llevan implementando desde hace años.

    Acrobat, concretamente, permite introducir textos a mano alzada, pero (lógicamente) prioriza los comentarios introducidos por teclado, mucho más cómodos de leer, recuperar y trabajar con ellos posteriormente.

    Con todo, en una pantalla de 10" no es lo mismo usar un lápiz que en una pantalla de 8". Digamos que encaja mejor, que hay más espacio para trabajar. Le he encontrado más utilidad que en mi Iliad, porque en mi Iliad se escribe mucho más lento y, a menos que formatee el documento para ello, con mucho menos espacio para introducir notas.

    En resumen, trabajar con el lápiz en el DR1000 tiene un sentido que no le acababa de encontrar al lápiz del Iliad. Por más que no pueda introducir notas de texto, las notas a mano alzada se sienten como... "más naturales" y conectadas con el hecho de leer y trabajar un texto. Aunque esto puede que se deba a que mi formación fue con pbooks y un lápiz.

    Eso sí, cuando hay que escribir en los márgenes (algo normal con libros y artículos), la ergonomía brilla por su ausencia porque hay que evitar que la muñeca roce con los controles. Anular los controles no es algo intuitivo, y en este sentido creo que funcionarían mejor los simples y tradicionales botones de un dispositivo normal.

    De hecho, últimamente estaba haciendo pruebas para mejorar la forma de trabajar con documentos colocando un EEE lado a lado con un lector de ebooks. Lo que se puede decir es que funciona, pero no es eficiente. Hay que saltar de un dispositivo a otro y no es cómodo ni inmediato vincular tu idea o comentario con el fragmento de texto sobre el que estás trabajando.

    Por eso, si un lector de ebooks optimizara realmente las funciones de anotación y marcado pondría en manos de los que trabajamos intensivamente con textos un dispositivo que daría una ventaja decisiva para sus usuarios: descanso para la vista y la posibilidad de marcar y recuperar las marcas. Un único dispositivo que sustituyera con eficacia a la pantalla retroiluminada para leer y a la impresora y los tacos de papel impresos en los que se marca con boli, se vuelven a transcribir las marcas al ordenador y se "echa el papel impreso al contenedor de reciclaje".

    En este sentido, el DR1000 es el paso más adelantado que conozco. Es mejor para trabajar con documentos que mis Iliad y cybook gen 3, y también que el Hanlin. No he trabajado de momento con el Sony PR-700, el único que quizás se le podría comparar a este respecto.
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    miércoles, marzo 21, 2007

    Iliad, primera parte

    Adams, D (1991) Guía del Autoestopista galáctico. Barcelona: Anagrama

    Efectivamente, el contenido del bolso de Ford Prefect era muy interesante, y a cualquier físico terrestre se le habrían saltado los ojos de las órbitas sólo con verlo, razón por la cual su dueño siempre lo ocultaba poniendo encima unos manoseados guiones de obras que supuestamente estaba ensayando. Aparte del Subeta Sensomático y de los guiones, tenía un Pulgar Electrónico: una varilla gruesa, corta y suave, de color negro, provista en un extremo de dos interruptores planos y unos cuadrantes; también tenía un aparato que parecía una calculadora electrónica más bien grande. Estaba equipada de un centenar de diminutos botones planos y de una pantalla de unos diez centímetros cuadrados en la que en un momento podía verse cualquier cara de su millón de «páginas». Tenía un aspecto demencialmente complicado, y ésa era una de las razones por las cuales estaba escrito en la cubierta de plástico que lo tapaba las palabras NO SE ASUSTE con caracteres grandes y agradables. La otra razón consistía en que tal aparato era el libro más notable que habían publicado las grandes compañías editoras de Osa Menor: la Guía del Autoestopista galáctico. El motivo por el que se publicó en forma de micro submesón electrónico, era porque, si se hubiera impreso como un libro normal, un autoestopista interestelar habría necesitado varios edificios grandes e incómodos para transportarlo.

    Debajo del libro, Ford Prefect llevaba en el bolso unos biros, un cuaderno de notas y una amplia toalla de baño de Marks y Spencer.

    La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.
    Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar...
    Desde que leí la Guía, yo quería tener algo así. En parte, como todos, lo obtuve cuando accedí a Internet. Incluso en los años pre-web ya era bastante fascinante, hasta llegar a ser la fuente primordial de información sobre todo lo que me rodea, compitiendo con éxito (que no venciendo) con el libro.

    Sin embargo, no es la Guía. Es posible que estemos más cerca de ella cuando maduren los UMPC y podamos llevar un cacharro algo menos bizarro que el que transportaba Ford Prefect, pero que haga más o menos lo mismo. Con todo,
    La ubicuidad no va a traer consigo una experiencia de lectura comparable a la de un libro. Y yo lo que quería era leer la guía indefinidamente, no sólo desplazarme por sus entradas. Obviamente, sin dejarme los ojos en el proceso.

    Lo que andaba buscando era un dispositivo que almacenara documentación digital (principalmente PDF) y me ofreciera una experiencia de lectura mucho más descansada para mi deteriorada vista que la de una pantalla TFT. La tecnología e-ink de philips permite exactamente eso debido a que no necesita retroiluminación para mostrar la pantalla y, por lo tanto, la luz a la que lees los textos es exactamente la luz ambiental.

    Y para navidades me decidí. Apoquiné los poco más de seiscientos euros que cuesta el Iliad y su funda de aspecto intencionadamente cutre (para desanimar a los amigos de lo ajeno) y me lancé a la lectura como no lo hacía en tiempo. Pasé a llevar centenares de libros en la mochila y no uno sólo.

    En próximos posts iré desgranando mi experiencia hasta la fecha. Como aperitivo, diré que no me arrepiento en absoluto de mi inversión (aunque habría sido todavía mejor si me la hubiera pagado la empresa), aunque se trata de un producto a la vez magnífico y lastrado por fallos injustificables. Sólo deciros que tiene algunos aspectos mejores que los libros de papel: no sólo es llevar n libros encima, y abrirlos exactamente donde los dejaste. No, la ventaja es que el formato del libro es cosa tuya en última instancia - veremos, p.e., como pasar de un PDF tamaño A4 a las medidas (124x152mm) óptimas para el Iliad.

    Y como es cosa tuya, no tienes por qué caer en las economías que hacen los impresores y usar letra de hormiga y apelotonada. Es trivial preparar tus libros para una fuente de tamaño 13 (12 - tocha -en LaTeX).Y no hace falta tener 50 años y/o la vista cansada para apreciar y disfrutar de la experiencia de leer libros con letra de tamaño generoso.
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