¿Qué es lo que han rechazado exactamente los alumnos?
Vamos a ver qué dicen de primera mano los usuarios:
“Much of my learning comes from a physical interaction with the text: bookmarks, highlights, page-tearing, sticky notes and other marks representing the importance of certain passages — not to mention margin notes, where most of my paper ideas come from and interaction with the material occurs,” he explained. “All these things have been lost, and if not lost they’re too slow to keep up with my thinking, and the ‘features’ have been rendered useless.”¿Lost and if not lost?
Too slow to keep up with my thinking?
Bueno, el teclado no es precisamente tan rápido como un teclado estándar, pero es aceptable para menos de 20 palabras. Y no sé vosotros, pero yo anotaba los textos con claves concisas que extiendo en otra parte si es menester. En cuanto al subrayado...
“I require a very close reading of texts. I encourage students to mark up texts, and … I expect them to underline and to highlight texts,” Katz explained. “The question is whether you can do them as effectively with a Kindle as with paper.”Precisamente el subrayado es más rápido con un kindle que con un fluorescente sobre unas fotocopias (no sobre un libro, ¡Por D*s!).
Para saber de qué estamos hablando realmente, hay que proseguir en el interesante artículo (por cierto, momento proletario, me ha parecido tremendo leer "el periódico del campus", casi me da un ataque de alergia ante tanta pijería).
Katz also added that the absence of page numbers in the Kindle makes it more difficult for students to cite sources consistently.
“The Kindle doesn’t give you page numbers; it gives you location numbers. They have to do that because the material is reformatted,” Katz said. He noted that while the location numbers are “convenient for reading,” they are “meaningless for anyone working from analog books.”
Esto ya me parece más sensato. Evidentemente, necesitas páginas para pagar el impuesto académico de la cita correcta. Y es muy interesante: pensemos que el trabajo de estudio y análisis hasta hoy mismo depende del puñetero papel. Por lo tanto, la localización concreta de una cita está encadenada a la versión de papel del artículo, la que van a leer tanto los lectores al día como los que imprimen sus email.
Vale, principio de realidad. Hay que citar por página impresa, y el kindle trabaja por localizaciones, usando como unidad el párrafo.
Que todos los problemas sean como ese. ¿De verdad que nadie en el programa de introducción del kindle tuvo en cuenta este problema y no se le ocurrió un script de 2 líneas que transformara localizaciones en números de página?
Lo que parece que tenemos entre manos es un problema social y cultural, no tecnológico. Por una parte, los responsables del programa no han hecho los deberes. Dado que es una experiencia piloto pública, con repercusiones muy fuertes, lo suyo habría sido hacer trabajo de campo previo para detectar valores y necesidades. Nada revolucionario, un primer grupo de usuarios al que dar aparatos, verles como los usan y hacerles preguntas. Algo que, debería holgar el decirlo, debería hacerlo un profesional. Pero aún hay más.
“A huge benefit to the Kindle is having large quantities of reading available at your fingertips and not having to print and lug around books and articles,” she said. “Some disadvantages are the necessity to charge the Kindle and the impossibility of ‘flipping through’ a book.”
George also said the annotation software was “useful but not as easy or ‘organic’ feeling as taking notes on paper.”
“For some people,” she explained, “electronic reading can never replace the functionality and ‘feel’ of reading off paper.”
Pabernos matao, señora. Ahí quería yo llegar. El trabajo con textos, para muchos protoacadémicos o académicos, es una actividad ritual y central en sus vidas que no puede mezclarse con el insulso y mundano byte. Es imperativo recorrer, como el aprendiz de brujo, un volumen hojeándolo a toda velocidad, entiendo que para capturar cabalísticamente una palabra aquí y otra allá que nos transmita la esencia del texto. Sobre todo, al texto electrónico le falta el "feel", ya sea tacto, gusto u olfato. Sobre lo último, empiezo a pensar que tendrían que poner un dispensador en el refrigerador para que, cuando se calentara, liberara dosis moderadas de la amina específica de "olor a libro viejo", que seguro que la hay.
En otras palabras, ¿Qué significa que la funcionalidad de anotado y comentado del kindle no es fácil y, sobre todo, orgánica?
Para mí está claro: shock cultural. Los propios artículos son herramientas de aprendizaje y estudio que eran insustituibles cuando no había alternativas, pero que ahora suponen un lastre para el aprovechamiento de las nuevas tecnologías de estudio. Y me refiero al artículo como "objeto cultural total", a la suma del recipiente físico, de la experiencia de uso y de los valores que se le asocian.
No digo que el Kindle DX sea perfecto. La función de anotado es muy mejorable, por ejemplo. Pero llevo estudiando con él 2 semanas y creo que las ventajas superan abrumadoramente a los inconvenientes. No me cabe en la cabeza, objetivamente hablando, cómo se pueden siquiera discutir las ventajas de no sumergirte en resmas y resmas de malditas fotocopias, en llevar tus artículos a cualquier parte, en superar el dato muerto y reutilizar marcados y subrayados en otra parte. Por ejemplo, si subrayo con el kindle, puedo exportar lo subrayado y usarlo como material para citas literales. Y ahora vas y lo cascas, digo lo comparas con talar árboles para fotocopiar papers que vas a leer una vez, que tienes que subrayar y anotar a manopla y luego dar una segunda ronda para recuperar todo tu trabajo.
Pero aquí no cuentan razones objetivas, sino las mucho más poderosas razones culturales. El papel es un elemento cultural de un poder insospechado, al que hay que respetar si no queremos que boicotee nuestros esfuerzos de evolución y superación.
Y partiendo de esa consideración, lo que les queda tanto a los señores de Amazon como a su competencia es hacer los deberes bien y ofrecer productos para el estudio tan fluidos y perfectos que sea imposible rendirse ante la evidencia excepto para aquellos que tienen orejas de pana.