lunes, agosto 30, 2010

¿Por qué no escribo sobre tabletas?

Muy fácil, porque hasta el momento no usan tinta-e.

El veteranísimo que me siga desde 2005 (que yo pienso que existe), sabe que empecé este blog centrándolo en los primeros Tablet PC comerciales. Tras un breve arrobamiento con la web 2.0 en 2005, seguí con esa temática. Cuando irrumpieron en 2006 los UMPC, les hice un hueco y seguí toda su tragicómica historia.

Hoy sigo usando Tablet PC, pero porque el Thinkpad X61 que me compré en 2007 sigue funcionando, incluso con un rayazo en la pantalla que le propinó alegremente mi hijo daniel hace un año, cuando tenía dos. Casi no se ve con la pantalla encendida, que sigue siendo de una calidad superior a la de muchos de los portátiles actuales (incluido éste con el que trabajo normalmente, un HP Pavilion Dv6 con su keypad, el mismo que el filántropo Steve Jobs definió como "@matt you're missing the point baby this is a thing of beauty those keypadsare for windows losers users ;)"

Últimamente coqueteo con la idea de comprar un Panasonic Toughtbook C1, por las características "rugged" o "endurecidas" que tiene: resiste caidas hasta de un metro y medio, presiones como la de un servidor (yo) sentado encima, salpicaduras y hasta 10 horas de autonomía en 1 kilo y medio. En mi agotadora pero muy satisfactoria etapa actual como etnógrafo full-time, esas características son muy valiosas. Sin embargo, usaría más bien poco las funcionalidades tablet PC (en otro momento contaré con qué he sustituido la funcionalidad de notas), e incluso antes que las funcionalidades "endurecidas" preferiría disponer de una pantalla pixel-qi o equivalente, que pudiera trabajar con con el papel de una máquina de escribir de mi infancia y adolescencia, sin el desgaste que supone para la vista la pantalla retroiluminada. Como quiera que no hay visos de que salgan este año (ni en el primer trimestre del que viene), pues espero, que tampoco está el horno para tanto bollo.

En cualquier caso, los tablet PC supusieron una auténtica innovación, por más que su política de precios y de comunicación fuera apoteósicamente absurda, tanto desde la parte de microsoft como desde los fabricantes. Si los usuarios no sabían ni que existía en muchos casos, y si no se les comunicaba qué utilidad le podían sacar, y si no se apoyaba a los desarrolladores para que sacaran partido al lápiz, pues... pasó lo que pasó. Que se quedaron en nichos verticales muy estrechos, en vez de inundar centros de enseñanza y despachos profesionales.

En 2007 adquirí mi primer ereader, un iLiad, y con él tinta-e viró lenta pero segura a un nuevo reino de la tinta electrónica. Tinta electrónica era en 2005 las funcionalidades software de los tablet PC, que les permitían ofrecer una estupenda funcionalidad de lápiz y escritura y dibujo manual. Esa funcionalidad la incorporan de serie Vista y ahora Siete, y la inmensa mayoría de los usuarios de esos SSOO no saben ni que existe. Tinta electrónica, a partir de 2007 y cada vez más, son las pantallas electroforéticas que cada vez más se parecen al papel impreso.

Este segundo significado de la tinta electrónica no se ha quedado en un nicho marginal, sino que "amenaza" con cambiar para siempre el panorama de la letra impresa, de los libros, manuales y textos largos en general. Amenaza sin comillas a quienes no quieren adaptarse a los nuevos tiempos, y promete, sin comillas tampoco, un acceso ilimitado al patrimonio cultural para sus usuarios.

Se mire como se mire, una pantalla LCD o con cualquier otro tipo de tecnología retroiluminada no es buena para leer textos largos. Incluso este post estaría en los límites de lo que se puede leer con comodidad. En los últimos meses, algunos apasionados usuarios (que no propietarios en el fondo, tal y como se entendía hasta ahora la noción de "propietario"), han saltado en este blog a la defensa de sus dispositivos. Y por más que su factura (y sobre todo su übermarketing) sean sobresalientes, no dejan de ser una pantalla estándar de portátil, con una fuente de luz diferente a la del entorno y que somete a la retina a un cansancio superior a la que produce el papel impreso o la tinta electrónica.

He criticado los excesos cometidos por Apple y los medios de comunicación sobre el iPad, entiendo que desde el justificado cachondeo que produce el arrobamiento (simulado en muchos casos) y el deseo de manipular machaconamente para disparar las ventas de un producto que "va a salvar a periódicos y revistas). Más allá, no he escrito nada ni sobre él ni sobre las tabletas que ya son su competencia.

Y no lo he hecho porque considero que no aportan nada comparados con un portátil tradicional o con un ereader. Como vengo diciendo últimamente, su rasgo central es que son multisobables, que todo se hace con delicados toques con los dedos (supongo que no tan delicados en el caso del pr0n). Lo mismo que un smartphone, pero sin su movilidad. Y lo que encuentro sentido en un teléfono, dado que da mucha más utilidad a esas pantallas menores de 5"), no lo veo en una pantalla mayor, que tengo que sostener a peso durante las horas en las que lo utilizo.

Estoy escribiendo este post con el portátil en mis rodillas, como casi siempre. Tengo un cojín del ikea para portátiles de 6 euros que evita que mi braserito me depile térmicamente las corvas. Y no tengo que hacer ningún esfuerzo para leer o escribir. Si hiciera lo que hago con una tableta, tendría que estar con ella en las manos, minuto tras minuto, y la experiencia no podría ser la misma.

Otro tanto sucede con el teclado. Me meo en las reviews interesadas que comparan el teclado del iPad con un teclado físico (con o sin keypad de esos que usamos los windows losers). Tengo una impresión creciente que se trata de vender lo blanco como negro, o viceversa: por mucho que nos pongamos, el teclado virtual no permite hacer touchtyping, o escribir sin mirar al teclado que decimos acá. Esa operación, que se da tan por supuesto que no llama la atención en absoluto, es completamente crítica para concentrarte en lo que escribes en vez de dividir tu concentración entre ver las teclas virtuales y su resultado.

En el fondo, lo que es evidente es que las tabletas de cualquier marca están mucho más para consumir contenidos que para crearlos. Y como carcamal que soy, no me siento en ese perfil. Internet nació para crear contenidos y para consumirlos por igual: tanto da si escribes textos inmortales, si sueltas lo que te apetece en tu blog o si trolleas con alegría en un foro. O en Buzz. O si organizas grupos de trabajo en Wave, hasta que lo cierren. O si estás trasladando tu trabajo en Wave a los viejos y fiables wikis. Haces cosas en Internet y gracias a Internet.


Y aún tendría un qué si se trata de consumir los contenidos más comunes en Internet: los contenidos gratuitos producidos por millones de anónimos. Pero como dicen en este imprescindible artículo, hay una amenaza real de que el alegre caos de Internet sea sustituido en no poca medida por jardines cerrados de contenidos de pago, disfrazados de momento de apps. La mejor confirmación que tengo de esto es que Rupert Murdoch, que es un señor muy malo, está encantado con el iPad y las apps.

Sea como fuere, la cuestión central para mí es que las tabletas se diferencian en cómo hacer las cosas, no en qué hacer. Con ellas no se puede hacer nada que no se pueda hacer con los dispositivos preexistentes. No me aportan nada que no tenga ya con mi android (un magic viejecito que he resucitado gracias a swype), mi netbook y mi ereader. El teléfono lo voy a llevar aparte de todas formas, y de momento nada sustituye a un portátil para trabajar y acceder a la web unido a un ereader para leer con comodidad de papel, ya sean libros o artículos de Internet.

Un tablet me permite hacer cosas que no hago con otros dispositivos, como usar un lápiz. En este momento no le saco demasiada utilidad, pero se la saqué y la volveré a sacar con toda probabilidad en otro tipo de proyectos o como herramienta docente. Un ereader da cuartelillo a mi vista, y con eso está dicho todo. Los ereaders están liberando al libro de su prisión de papel, y es algo sobre lo que merece la pena reflexionar y escribir.

Pero las nuevas tabletas no encajan en mi vida diaria y no me aportan ningún extra. Por ello no escribo sobre ellas.

6 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo: es absurdo lo que ha ocurrido con los clásicos tablets de windows, apenas se conocen. Y los que han salido ahora son para competir con el iPad, dispositivo que como casi todos los de Apple tienen lo positivo de crear tendencias y estimular los mercados, pero realmente no están aportando mucho nuevo, salvo vender mejor lo que ya existía.

    Por cierto ¿para cuando tinta-e a color?

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  2. Está claro que los tablets son mucho más para leer que para escribir. La gran mayoría de la gente apenas crea contenidos y los que crean contenidos tienen más aparatos además de un tablet.

    A lo mejor en un futuro podría ser viable escribir combinando el multisobado con el reconocimiento de voz.

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  3. Qué grande el artículo. Cómo poseedor de un iPhone 4, un netbook con pantalla "glossy" y un pc de sobremesa (con una pantalla de 23" para diseño básicamente)te doy toda la razón, estos cacharros no sirven para mas que consultar una web un rato, este artículo por ejemplo, hubiese sido mas gratificante leerlo en un Kindle o similar. Pero ya sabes que la gente no se molesta en tener su propio criterio si alguien se lo da hecho, por ejemplo en la publicidad...

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  4. El otro día estuve en un curso y el freakie de turno vino a tomar notas con un iPad (obviamente nos lo restregó a todos). A mitad de curso ya estaba quemado de tanto mover el dedo para tomar notas y, claro, cuando tomaba notas, no podía mirar la presentación de Powerpoint del profesor. Otro ejemplo de empeñarse en usar un buen dispositivo -para ciertas cosas- para tareas que no hace bien.

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  5. No estoy en absoluto de acuerdo con este tema. Personalmente creo que los tablets (y en particular el iPad) están cambiando (sí, ahora y no en un futuro) el concepto de libro. Hay cosas que en los ereaders no se pueden hacer (como insertar audio o vídeo) mientras que en el iPad sí que se puede (iBooks permite insertar vídeo y Amazon tiene su sección de Kindle Editions).

    Creo que hay que mirar hacia las revistas y hacia la literatura infantil para ver el proceso que se está gestando en el cambio del paradigma literario. Donde el texto ya no mira con superioridad al resto de elementos sino que convive con él (esta mañana te he pasado el link por twitter, siento el doble spam: http://www.joseluismerino.net/blog/?p=1095).

    Respecto a leer en un dispositivo como el Kindle, leer a través de la aplicación Kindle de un iPad/iPhone/Android o la aplicación de escritorio de Mac/Windows... ¿qué importa? Que cada uno lea donde más cómodo se encuentre y donde pueda. Una de las ventajas de Amazon es su ecosistema en el que al comprar un libro te lo sincroniza con tu cuenta y te mantiene el punto de lectura en cualquier dispositivo.

    A mí personalmente me molesta leer un libro en el iPad (sí, tengo un iPad, un iPhone 4 y un Kindle 2i) pero me molesta por la ausencia de contenido multimedia, ya que puedo estar horas leyendo feeds (fotografía + vídeo + texto) en su pantalla. Y ahora que tengo un iPhone 4 observo con claridad que no es lo mismo una pantalla que otra, no englobes todas las pantallas en el mismo saco. Y repito, a mí. Porque conozco a otra gente que lee mucho-mucho en el iPad / iPhone (como por ejemplo @pjorge).

    En definitiva, debería interesarte el mundo de los tablets en tanto soporte en el que se está produciendo un maravilloso cambio y que va a dotar a los nuevos creadores de muchas posibilidades. No hablo de dar un valor añadido metiendo un simple vídeo a un libro antiguo, piensa por ejemplo en poder tener en un único libro / aplicación todas las ediciones de El Quijote, todos los estudios sobre X tema a un clic, ediciones anotadas que un clic dejen de estarlo, diccionario incorporado para palabras difíciles, etc.

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  6. @bydiox, me haces sentir viejo. Por más que le he dado vueltas, casi no encuentro utilidades o usos de una tableta que no pueda sacarle a un portátil.

    Me refiero a qué hacer, no a cómo hacerlo. Está claro que la centralidad de la interfaz táctil en un tablet es una diferencia crítica en el cómo para todo dispositivo mayor de 5" (los smartphones llevan siendo táctiles bastante tiempo antes que el iphone 1).

    Mi problema es que ya he manejado interfaces táctiles desde 2004 con los tablet PC, y no he encontrado usos para los que objetivamente sean superiores. Por ejemplo, el tan cacareado navegador del ipad: a mí no me supone ninguna diferencia usar el navegador con teclado que con el dedo (y lo probé un tiempo en mi tablet, que es multitouch). Estoy a meses de ser un cuarentón, y estoy muy hecho a mi teclado.

    También creo que esos modelos híbridos de literatura/multimedia no tienen garantizado el futuro. El hiperestímulo de Internet es un freno eficacísimo a la lectura sosegada, y el complemento con multimedia no lo compensa en absoluto. El gran problema es que todo está a un clic de distancia, no el tipo de contenido.

    Yo también leo feeds en el kindle 2i vía instapaper (antes usaba readitlater). Los feeds que reservo para el kindle son los textos suficientemente largos y elaborados como para que los guarde para leerlos con comodidad, sin atropellos y diagonalidades. Para esos textos, todo lo que no sea una imagen es secundario comparado con el esfuerzo del autor en desarrollarlos.

    Englobo todas las pantallas en el mismo saco por lo que vengo comentando desde hace mucho: las diferencias de luminosidad en secciones del campo visual. Antes de tener ereader, cuando tenía que corregir una prueba de imprenta considerable imprimía, sin duda.Incluso la corrección de textos más breves, como artículos, me acababan pasando factura: no es que no pudiera hacerlo, ni que me lloraran los ojos. Pero me cansaba antes, y el cansancio llevaba consigo que se me pasaban más errores. Por la misma razón, leer en cualquier pantalla retroiluminada un texto mínimamente elaborado va a ser una experiencia inferior, porque el cansancio visual competirá eficazmente contra tu atención.

    Viendo el samsung nuevo, lo único que me llama la atención es la posibilidad de usar realidad aumentada en una pantalla más grande que la de un móvil. Eso puede ser interesante... aunque hasta que no lo pruebe, no me quiero mojar. Pero esos ejem,plos del quijote, de estudios sobre el tema X, de ediciones anotadas, y sobre todo de diccionario, ya son posibles o están directamente disponibles en un ereader basado en tinta-e. Es básicamente una cuestión de software.

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