domingo, febrero 06, 2011

Límites de uso actuales para los tabletos.

De un tiempo a esta parte, la blogosfera relacionada con, digamos, la computación en movilidad, está revolucionada por los tabletos. Recordemos que "tableto" es el término que escogí para subrayar la diferencia de capacidades entre los Tablet PC "de toda la vida" (que llevan un S.O. de escritorio), los ipod de bilbao / androids con hipertrofia de tiroides, y los Señores tablets, los dispositivos con pantalla no retroiluminada que aún no han aparecido en serio. A menos que aceptemos barco como animal acuático, o Adam como tablet bien rematado y maduro.

No tengo problema en reconocer que me equivoqué respecto a su éxito, y lo hice pensando en que la definición que más me gusta de los tabletos (no lo necesito, pero lo quiero) iba a encajar en menos usuarios. Al final ha funcionado como en tantas situaciones comparables de nuestra sociedad de consumo el terrible concepto de consumo conspicuo de Thorstein Veblen. Si no os queréis zampar la estupendísima Teoría de la clase ociosa, hoy casi tan actual como Mercaderes del Espacio, aquí os dejo tres resúmenes que os ahorran buscar Veblen + conspicua en google: 1, 2, 3. El segundo es el que más me ha gustado, pero tengo todavía algo de atorramiento hasta que la ebastina termine de compensar mis reacciones al polen de las hijaputáceas, digo de las arizónicas, con lo que después de todo puede que la recomendación no sea recomendable.

Sea como fuere, llevo un tiempo discutiendo con mis colegas el papel de la prensa generalista (especialmente de News Corp., pero no sólo) en la popularización tremenda de los iPads. Creo que es un factor nada desdeñable junto al consumo conspicuo porque, no sé a vosotros, pero a mí me ha venido gente con una relación con la tecnología semejante a la que tengo con las arizónicas a pedirme consejo sobre el cacharro ese, el ipad, que lo habían visto en la tele. Murdoch, que como sabéis es una persona muy mala y chunga, ha apostado firme por lo que parecía ser la tabla de salvación de la prensa, después de que la crisis de 2008 se fundiera parte del modelo de pago por publicidad y los ciudadanos sigamos tan ternes, sin pagar por los periódicos.

Sé de profesionales que le sacan partido al iPad como instrumento de trabajo, y D*s me libre de decir a nadie cómo hacer su trabajo: a los de otras profesiones, porque no tengo ni idea, y a los compañeros de profesión, porque sólo me faltaba facilitarles que me hagan la competencia. Pero vaya, estas personas que menciono son excepcionales (y lo saben ;) ), porque usan el iPad principalmente para consultar información. Y no nos engañemos, los cyberglamourosos tablets con Android 3.0 no van a ser diferentes en este sentido. Ya no es sólo que no disponen de métodos de input comparables a los de los SS.OO de escritorio (teclado, voz, lápiz, en orden de importancia), que por una vez tenía razón Ballmer en mostrarse displicente cuando, en una reunión, un tipo de otra empresa sacó su flamante iPad y se empezó a desgañitar con el teclado virtual tratando de mantener el ritmo de la reunión. No, el problema es doble:

  1. Flash no es un problema para escenarios profesionales. Todavía Flex tiene cierto recorrido para generar aplicaciones de productividad, pero a día de hoy es anecdótico.
  2. Las aplicaciones de productividad son completamente minoritarias tanto en la AppStore como en el Market de Android, y las que hay son chistes malos comparadas con las aplicaciones de escritorio. No es sólo que no haya herramientas de nicho, desde Autocad hasta las herramientas de análisis de cada curro, sino que las herramientas generalistas hacen que, por ejemplo, a su lado Abiword sea Word 2025. Ah, perdón, se me olvidaba: no son limitadas, son mágicas. 
  3. Los navegadores (safari magickal, navegador de Android, dolphin, opera mobile, firefox mobile... ¿me dejo alguno importante?) tienen el motor de Javascript capado. Durante unos días, tuve la esperanza de que Meego fuera por otro camino, pero Chippy de UMPCPortal y Carrypad me ha comentado que no. Todo es magia, como los inagotables polvillos que salen de algún lado de Campanilla cuando la agita Peter Pan: los tabletos son mágicos, y mágicas deben ser las versiones de aplicaciones web adaptadas a ellos. El problema es que relativamente poca gente se hace la pregunta de, "En 2011, ¿Para qué hace falta que se adapte una aplicación web? ¿No debería ser universal?". La única respuesta que me ha satisfecho me la ha dado un hacker que, aunque switcher, no deja de hilar fino: los SSOO móviles no están de momento tan optimizados como para que mantengan la magia, digo la fluidez en las animaciones, si les metes un navegador completo.
Esto no debería extrañar a nadie que haya seguido el nacimiento de este nuevo sector tecnológico y no haya caido en el autoengaño colectivo: el iPad y los demás tabletos, salvo cambios sustanciales, están focalizados al infotainment. No sólo por sus SS.OO, no sólo por la falta de aplicaciones de productividad y profesionales, o porque los navegadores no permiten una experiencia completa de navegación. Hay un factor empresarial, nada tecnológico, que es de igual o más importancia: no es cuestión de canibalizar las ventas de los equipos profesionales.

Muy diferente es que los tabletos se zampen parte de la cuota de mercado de esos netbook que Jobs despreció con su habitual displicencia jaleada. Para los fabricantes, los netbooks han sido un desarrollo desastroso, aunque parezca lo contrario: los márgenes de beneficios se han estrellado, y no pocos de los que los fabricaron lo hicieron para no quedar fuera de un mercado que, en su momento, era lo único que mantenía las ventas. Pero vaya, si sacamos un dispositivo que

  1. vale un 50% o incluso un 100% más que un netbook en PVP
  2. las más de las veces, el usuario se lo comprará además de su PC

El negocio es redondo para los fabricantes. Y no es nada malo ni censurable, claro; no, dentro de las coordenadas de este sistema capitalista nuestro que, para empezar, ha puesto PCs en las manos de tanta gente en el mundo.

Pero lo que sí es erróneo es confundirse. Sacar al tablet de su nicho de infotainment y tratar de usarlo en productividad para todo lo que no sea consulta de información. Si esto es poco probable en empresas serias, no ocurre lo mismo en el siempre maltratado sector de la educación. Y muchos usuarios se pueden comprar un iPad o un superduperandroid 3.0 por motivos erróneos, porque lo quieren, pero no saben por qué.

En mi caso, hace un mes me tentó el concepto Transformer de ASUS. Por las razones que expongo arriba, no le veo sentido ahora mismo. No es una decisión definitiva, pero lo cierto es que me he enfriado mucho respecto al uso de tabletos, excepción hecha de las presentaciones comerciales.

Y por si fuera poco, el Kindle 3 lleva un par de semanas sorprendiéndome positivamente, hasta el punto de que es mi primer ereader que me permite usarlo con éxito para tareas más allá de leer y anotar textos offline. De hecho, ahora mi escenario óptimo para movilidad infotainmenteada es un kindle 3 y mi smartphone, que es un HTC desire. Esto lo desarrollaré en otro post, si me lo permite Das Buch.

3 comentarios:

  1. dices "das Buch" con minúscula del artículo, que no comienza frase y yo me pregunto ¿el que lees o el que escribes?
    Lo digo más que nada porque me muero de interés por saber como sacar partido productivo al Kindle 3, amén de las ricas anotaciones / marcado.

    Un saludo y gracias por tu blog, es una bendición de información y cordura para alguien que sufre muchas tentaciones tecnológicas, sin necesidad de ellas.

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  2. El que escribo, el que escribo. O el que escribe lo que queda de mí y de mi socia.

    Sí, esta semana tengo pensado hablar del kindle 3 as a tablet (o como complemento de un smartphone)

    Gracias a ti por leer

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  3. Pablete2:26 p. m.

    Espero ansioso tu cometario sobre el Kindle y su uso en tareas de productividad. No sé si lo necesito, pero hace tiempo que lo deseo, aunque tengo mi viejo lector Cool-er, que me regalaron y me da penita cambiarlo. Pero cualquier día me lanzo y encargo el kindle (sobre todo si una opinión autorizada como la tuya me ayuda a decidirme).

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