sábado, enero 01, 2011

Del préstamo previsto al préstamo en comunidad

Sin alharacas ni grandes voces, Amazon ha activado el préstamo de ebooks entre usuarios. Es de agradecer que no nos llamen gilipollas, tontos del culo o algo semejante como hacen otros que yo me sé con "la magia ha descendido a la tierra... otra vez". Entiendo que para gustos, colores, pero en mi caso las exageraciones sin control ni mesura son una estupenda barrera para que compre cualquier producto que se presente como revoluciomágico.

Hay que recordar, una vez más, que Kindle es una plataforma y un ecosistema. Una de sus piezas más importantes es el kindle-aparato, pero no es la única ni mucho menos. A los servidores de Amazon se conectan distintos clientes software en muchas de las plataformas más importantes del mercado (Windows, OSX, iPhoneOS, Android), y cualquier ebook adquirido en Kindle se puede consultar hasta en 5 clientes, Kindle-aparatos incluidos.

En este caso, se diría que Amazon no ha innovado sino que ha igualado una de las principales innovaciones de Barnes y Noble con su nook. Por si fuera poco con los tumbos que está dando B&N en los últimos meses (incluyendo la chorrada de sacar su propio "ereader en color" basado en LCD y android), ahora amazon elimina una de las razones que podrían decantar a un potencial cliente por la competencia.

Porque, las cosas como son, llevamos demasiado tiempo prestando libros. Esta actividad de riesgo (cuántos libros prestados no han vuelto a casa) es parte consustancial del uso de los libros. No sólo de las bibliotecas (a las que veremos si alcanza esta iniciativa), sino como un lubricante de relaciones sociales. No es por nada, pero un libro lo puedo comprar a un amiguete por su cumpleaños, o como excepción completa, pero no como gesto habitual. Y no es sólo una cuestión de dinero, sino del significado del acto de regalar: de ese acto que Marcel Mauss analizó tan bien en Ensayo sobre el Don, tan cotidiano y sin embargo tan vital en sus etapas de dar, recibir y devolver.

El préstamo (supuestamente) tiene vuelta. No genera obligaciones ni interpretaciones difíciles. Y es uno de los mejores pies disponibles para comentar un libro si ha provocado emociones del tipo que sea.

El ebook, sin préstamo, seguía cojo. El libro no es sólo un documento de tantas decenas de miles de palabras a nombre de un autor. Es el vehículo de ideas, situaciones, conocimientos, personajes, que se suelen disfrutar mejor en compañía. Y claro, si regalar es complicado (por no hablar de caro) recomendar la compra tampoco es la solución, por más que algunos editores se sigan relamiendo con el fin del préstamo. No funciona así: si compro un libro es porque realmente deseo hacerlo, o porque lo necesito. Si no voy a leer el libro más de una vez y tengo por él un interés moderado, preferiría zampármelo en 15 días y a otra cosa. A menos, claro, que una vez leido me dé cuenta de que el libro estaba mucho mejor de lo que pensaba, en cuyo caso la tarjeta de crédito se pondrá en funcionamiento y pasará a mi biblioteca.

El préstamo en Kindle funciona de la única manera posible para los ebooks: puedes prestar un ebook hasta por 15 días. "prestar" significa que el que ha comprado el ebook no puede leerlo durante ese periodo, y que al acabar el plazo se borrará del kindle-aparato o del cliente donde se esté leyendo. Entiendo que usan alguna opción del DRM para impedir temporalmente la lectura en un caso y definitivamente en el otro, contra la huella del archivo o como fuera. En cualquier caso, no todos los ebooks se pueden prestar, sino sólo los que el editor lo permite.

Esta opción evita uno de los inconvenientes más fastidiosos del ebook, que le alejaban del "libro de verdad". Después de todo, un libro de verdad se presta. Queda por ver si se terminará por poder vender de segunda mano un ebook, pero no soy optimista al respecto: uno de los atractivos para el editor, precisamente, es prescindir del mercado de segunda mano, realmente importante en sectores como el libro universitario.

En cualquier caso, leo en el blog de Nate el Grande que, apenas 24 horas después de anunciado el préstamo en Kindle, los lectores ya han empezado a formar comunidades de préstamo de ebooks. Lo realmente sorprendente ha sido la velocidad, claro, pero la posibilidad en sí no es revolucionaria más que para quien siga confundiendo al libro con su trasunto de papel.

La comparación con el bookcrossing es tremendamente reveladora. Si en el primer caso se depende de desplazamientos y un lugar mínimamente acondicionado donde dejar el libro, en las comunidades de préstamo sólo hay que emplear un recurso software gratuito, independiente de espacio y tiempo, para lograr lo mismo, pero superior en varios órdenes de magnitud. No hay límite a los usuarios de Kindle que pueden acceder a una de esas comunidades y utilizar la opción de préstamo de una forma diferente a la planeada en Amazon pero perfectamente legal.

Este caso nos sitúa con claridad en el momento en que vivimos: el ebook y sus inéditas posibilidades requieren de una fuerte adaptación por parte de todos. El préstamo de ebooks echa para atrás a día de hoy a una parte de los editores, en tanto que no todos han dado su permiso para esta función. Y entiendo que estas comunidades no les sonarán nada bien y reforzarán sus posiciones de no-préstamo, y por supuesto también todas las disposiciones destinadas a frenar en lo posible el avance del ebook comercial.

El miedo nunca es buen consejero, sobre todo cuando se disfraza de prudencia. El miedo al ebook, a que ocurra el más mínimo cambio en el mercado, impide constatar que el daño, en este caso, no es  tal:

  • Se va a poder acceder a ebooks, sí, pero no al ebook que buscamos en muchos casos: tanto porque el prestatario sólo puede prestar uno a la vez (imaginaos las colas para títulos populares, por no hablar de que un ebook podría pasarse meses y aún años "dando vueltas" a menos que se cortara el préstamo), como porque en un catálogo con cientos de miles de títulos no es trivial encontrar a alguien que haya comprado el título que buscas y que esté dispuesto a e-prestarlo.
  • Leer un libro prestado no va a influir negativamente en las cifras de ventas, sobre todo si el precio no es un disparate. Si después de leerlo no se compra, probablemente el título no despertaba más que un interés moderado y tampoco se habría comprado de todas formas. De lo contrario, si gusta, la lectura puede animar a comprarlo, porque se compra en este caso lo que se conoce de primera mano.
  • En cualquier caso, y en tanto que es una actividad que nunca va a superar cierta barrera marginal (recordemos, sólo podemos prestar un título a la vez), el impacto en el peor de los casos sólo puede ser igualmente marginal: que el libro se venda o deje de vender dependerá más de otros factores, como su puñetero precio.
En cualquier caso, da gusto comprobar lo rápido que reacciona el público ebookero ante las nuevas posibilidades que se ofrecen. Contra las imbecilidades indocumentadas que hablan de la piratería de ebooks y que van a impedir la venta de títulos... que siguen sin ofrecerse como ebooks, comprobamos una vez más como la venta de ebooks no sólo responde a la demanda existente, sino que se puede canalizar de más formas que no sea la limitada venta de "copias", tan del siglo XX.

1 comentario:

  1. andrespuentes1:34 p. m.

    Una consecuencia indirecta de la posibilidad de préstamos de eBooks es que puede afectar positivamente a la venta de Readers. Para según qué tipo de persona, el hecho de poder compartir ciertos eBooks será un aliciente para la compra del dispositivo.

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