viernes, junio 13, 2008

Ebooks y la crisis del petróleo

Ojo, nada de ebooks de la crisis del petróleo... de momento.

Tal y como indica David Rothman, por pura lógica la compra de gadgets se va a resentir en los próximos años conforme avance la recesión. No sólo por materiales y manufactura, sino por una distribución que ya no va a ser "gratis".

Los lectores de ebooks tienen todavía recorrido para bajar el precio. Bastante. Al fin y al cabo, el iPhone se va a vender por menos, cuando incorpora muchas más funcionalidades. Y lo mismo que el iPhone va a ser subvencionado por las operadoras (movistar aquí), algún conglomerado de editoriales en España, grupo mediático o similar podría hacer otro tanto con algún lector de ebooks específico y algún formato.

De repente el panorama cambia: romper el cuello de botella que representan las grandes distribuidoras tendría el beneficio añadido de anular los costes de un transporte cada vez más caro. De la editora a casa del lector, sin escalas, y el lector se hace cargo de buena parte del coste del "transporte".

O como indican en Teleread, siendo más ambiciosos, que ganara momento algún tipo de iniciativa pública de distribución de ebooks a partir de bibliotecas, recibiendo los autores a cambio una compensación adecuada (mucho mayor que la que existe hoy en día).

En cualquier caso, cuanto más popularidad tomara el ebook con y sin DRM, más gastos se ahorrarían respecto al p-book. Este esquema podría llegar a ser decisivo cuando se trate de reincorporar a trabajadores al mercado laboral, o para mantener la calidad de la formación de los chicos en zonas deprimidas.

Al final, es posible que la crisis surta efectos paradójicos en los ebooks. No por ser ebooks, sino por ser books tan sólo, es por lo que lo entiendo como una situación particularmente deseable.

2 comentarios:

  1. Anónimo3:23 p. m.

    Sigo opinando lo mismo que hace meses, los lectores de ebooks no tendrán futuro en tanto no bajen muchiiiiiisimo sus precios, como mínimo a la mitad de lo que piden hoy dia, y es que no hay que olvidar que no tienen más funcionalidad que la de mostrar los ebooks en pantalla, osea que hardware es poco poquito el que llevan, lo que no justifica unos precios tan elevados. Por otro lado es ridículo que las empresas que se piensan dedicar a distribuir contenidos para ellos, pienso que deberían ser las editoriales (logicamente), no inviertan ni un euro en subvencionar su venta (al igual que pasa con los teléfonos móviles.
    En el fondo lo que pasa es que las editoriales ganan más dinero con los libros en papel normal y no con el digital, a parte de que los lectores siguen prefiriendo la sensación de pasar páginas de papel reales, incluso a mi particularmente me encanta hasta el olor que desprende un libro nuevo cuando lo abro.

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  2. De momento tienen presente, que no es poco. Un presente marcado por la economía de escala, que hace que un par de centenares de miles de displays electroforéticos valgan proporcionalmente más que un par de centenares de millones de displays TFT, y me quedo corto. Con todo, la curva de progreso de toda tecnología nueva se está cumpliendo: más prestaciones, menos costo.

    Si he entendido bien tu frase, las empresas que se quieren dedicar a la venta de contenidos para lectores de ebooks (a vender ebooks, vaya) no tienen cabida por algún motivo que no indicas más allá de calificarlo como de ridículo. Ante esto sólo diría que, sencillamente, descalificarlas como ridículas es un sinsentido: los costes de puesta en marcha de una e-editorial son tan descomunalmente bajos en comparación con una p-editorial, que resulta una iniciativa mucho más asumible con medios reducidos... sabiendo que, con muy poco, se siguen poniendo en marcha p-editoriales minoritarias. Lo que importa realmente es a qué derechos intelectuales tienen acceso cada una.

    Lo que has dicho acerca del dinero que ganan las editoriales con los p-books es también inapropiado. Quien se lleva el bocado del león en los libros es la distribuidora, no la editorial. Los e-books, y en cierto sentido los p-books de impresión a la carta, tienen la ventaja decisiva para la editorial de permitir puentear a la distribuidora, a ese cuello de botella que no aporta valor añadido al mercado de los libros.

    Finalmente, cada vez me resulta más y más curioso que se use como argumento el olor o el tacto de los libros. No digo que no tenga sentido; de hecho, lo comparto en cierta medida. Sin embargo, ni tacto ni sobre todo olor me decantan por una decisión respecto a los libros: los libros los leo, anoto, comento, uso y disfruto. Sólo el disfrute está relacionado con tacto y olor (¿y sabor?), pero no acabo de ver qué puede importar del tacto una vez que te metes en el libro.

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