miércoles, marzo 21, 2007

Iliad, primera parte

Adams, D (1991) Guía del Autoestopista galáctico. Barcelona: Anagrama

Efectivamente, el contenido del bolso de Ford Prefect era muy interesante, y a cualquier físico terrestre se le habrían saltado los ojos de las órbitas sólo con verlo, razón por la cual su dueño siempre lo ocultaba poniendo encima unos manoseados guiones de obras que supuestamente estaba ensayando. Aparte del Subeta Sensomático y de los guiones, tenía un Pulgar Electrónico: una varilla gruesa, corta y suave, de color negro, provista en un extremo de dos interruptores planos y unos cuadrantes; también tenía un aparato que parecía una calculadora electrónica más bien grande. Estaba equipada de un centenar de diminutos botones planos y de una pantalla de unos diez centímetros cuadrados en la que en un momento podía verse cualquier cara de su millón de «páginas». Tenía un aspecto demencialmente complicado, y ésa era una de las razones por las cuales estaba escrito en la cubierta de plástico que lo tapaba las palabras NO SE ASUSTE con caracteres grandes y agradables. La otra razón consistía en que tal aparato era el libro más notable que habían publicado las grandes compañías editoras de Osa Menor: la Guía del Autoestopista galáctico. El motivo por el que se publicó en forma de micro submesón electrónico, era porque, si se hubiera impreso como un libro normal, un autoestopista interestelar habría necesitado varios edificios grandes e incómodos para transportarlo.

Debajo del libro, Ford Prefect llevaba en el bolso unos biros, un cuaderno de notas y una amplia toalla de baño de Marks y Spencer.

La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.
Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar...
Desde que leí la Guía, yo quería tener algo así. En parte, como todos, lo obtuve cuando accedí a Internet. Incluso en los años pre-web ya era bastante fascinante, hasta llegar a ser la fuente primordial de información sobre todo lo que me rodea, compitiendo con éxito (que no venciendo) con el libro.

Sin embargo, no es la Guía. Es posible que estemos más cerca de ella cuando maduren los UMPC y podamos llevar un cacharro algo menos bizarro que el que transportaba Ford Prefect, pero que haga más o menos lo mismo. Con todo,
La ubicuidad no va a traer consigo una experiencia de lectura comparable a la de un libro. Y yo lo que quería era leer la guía indefinidamente, no sólo desplazarme por sus entradas. Obviamente, sin dejarme los ojos en el proceso.

Lo que andaba buscando era un dispositivo que almacenara documentación digital (principalmente PDF) y me ofreciera una experiencia de lectura mucho más descansada para mi deteriorada vista que la de una pantalla TFT. La tecnología e-ink de philips permite exactamente eso debido a que no necesita retroiluminación para mostrar la pantalla y, por lo tanto, la luz a la que lees los textos es exactamente la luz ambiental.

Y para navidades me decidí. Apoquiné los poco más de seiscientos euros que cuesta el Iliad y su funda de aspecto intencionadamente cutre (para desanimar a los amigos de lo ajeno) y me lancé a la lectura como no lo hacía en tiempo. Pasé a llevar centenares de libros en la mochila y no uno sólo.

En próximos posts iré desgranando mi experiencia hasta la fecha. Como aperitivo, diré que no me arrepiento en absoluto de mi inversión (aunque habría sido todavía mejor si me la hubiera pagado la empresa), aunque se trata de un producto a la vez magnífico y lastrado por fallos injustificables. Sólo deciros que tiene algunos aspectos mejores que los libros de papel: no sólo es llevar n libros encima, y abrirlos exactamente donde los dejaste. No, la ventaja es que el formato del libro es cosa tuya en última instancia - veremos, p.e., como pasar de un PDF tamaño A4 a las medidas (124x152mm) óptimas para el Iliad.

Y como es cosa tuya, no tienes por qué caer en las economías que hacen los impresores y usar letra de hormiga y apelotonada. Es trivial preparar tus libros para una fuente de tamaño 13 (12 - tocha -en LaTeX).Y no hace falta tener 50 años y/o la vista cansada para apreciar y disfrutar de la experiencia de leer libros con letra de tamaño generoso.

2 comentarios:

  1. Anónimo8:40 p. m.

    Vale, espero ansioso todo lo que tienes que decir de él.
    Si me convence me lo compro.

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  2. No pretendo convencer a nadie... no tengo relación ni con irex ni con leer-e (bonito nombre, por cierto). De hecho, ya adelanto que el cuadro final que voy a contar dista mucho de ser idílico. Aunque también digo que estoy contento con mi inversión.

    En breve avanzo, y un poco más tarde hablaré de las alternativas - aunque por poderes y delegación, porque no he podido operar personalmente con ellas.

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