viernes, febrero 26, 2016

Freewriter, el error de anteponer la forma a la función



Los que me leéis desde tiempo ha sabéis que persigo un concepto: el e-writer, el dispositivo o montaje que permita escribir con la vista descansada, con las menores distracciones posibles, bajo el sol, sin preocuparte con la batería...

Pues bien, a lo largo de esta semana han salido publicaciones en las que se anuncia la próxima venta del freewrite (antes hemingwrite), un dispositivo que, en teoría, cumple con todo esto. Encima, emplea un estupendo teclado mecánico con switches cherry red.

Yo tendría que estar dando palmas con las orejas y lanzándome como si no fuera un mañana a por él, sin importar el precio.

¿no?

Pues no. Ni de broma. Y paso a explicarme

El 18 de octubre de 2014 escribí al respecto por primera vez. Ya en aquellos días decía que

lo cierto es que no soporto el hipsterismo. No soporto cuando el diseño se antepone a la función, para empezar porque la función en un dispositivo es la que define su belleza ante mis ojos. Por ejemplo, un teclado IBM serie M es bello por lo que es, el culmen de la perfección de los teclados.
Y lo que vemos aquí es diseño anteponiéndose a la función. Los creadores hablan de un entorno libre de distracciones, pero para eso basta y sobra con un editor de texto como el que uso para escribir este post (en este caso, como es Android, un clon de ed llamado Jota que creó un japonés muy amable). Para ese viaje, no hacen falta esas alforjas, esas palancas steampunk, neogóticas o como las querramos llamar. Aumentan el coste de manera absurda, y de hecho se coloca parte de la carcasa tapando la pantalla e-ink para que simule ser una segunda pantalla elíptica.
Y no he cambiado de idea.

Lo que más me flipa es que, por cosa de la moda y el postureo, los bugs se transforman en features.


  • Ahora está de moda el dispositivo anoréxico. Más delgado == mejor, como vemos en el absurdo en el que se cae con el macbook 12 y su teclado de menos de 1mm de recorrido. Pues bien, este ladrillo imitativo de una máquina de escribir mide 5 cm de profundidad
  • Puedes escribir en cualquier parte... cargando con 1,8kg. Casi dos kilos de peso. Los mismos analistas que echan pestes de un equipo que supere el 1,2kg, o menos aún, ahora alaban al mamotreto éste


Y es todavía peor.

Si no se conoce el sector, se pueden dar por buenas todas las afirmaciones. No se tiene en cuenta el "pequeño" problema de diseño de que la pantalla está paralela al teclado y, por lo tanto, el usuario la verá de inclinada a muy inclinada. Por ejemplo, será francamente incómoda de usar encima de las piernas. La práctica totalidad de las fundas-teclado dan cierta inclinación a su dispositivo para que sea lo más perpendicular posible al ángulo de visión del usuario.

Más madera: la pantalla. Por lo que se ve en los videos, me juego algo a que es una pantalla pearl. Tecnología probada, y tal, pero el contraste está muy superado por carta.

Más madera: la controladora. Ahí sí que tenemos la madre del cordero. En los pocos vídeos en los que sale una prueba REAL del usuario escribiendo, veréis un lag importante entre la pulsación y el carácter. De hecho, los muy cucos salen en la mayoría de los vídeos sin escribir en tiempo real, con el texto de la futura novela inmortal reposando quieto en la pantalla. El problema es que las controladoras que llevaba Pearl (realmente EPSON de la época, quizás en casos minoritarios alguna otra pero hay muy poca variedad) no permitían un refresco aceptable. En los Onyx Linx T68, p.e., hay un modo blanco y negro A2 bastante rápido, que permite una escritura razonablemente rápida hasta el punto de poder escribir en ellos sin volverte loco por el lag. Tenéis la prueba en 4:31



Y es que el lag en escritura es una cosa muy chunga. Estamos tan acostumbrados a escribir sin lag que damos por supuesto que una pulsación en el teclado corresponde a la aparición instantánea del carácter correspondiente. Si podemos escribir sin mirar al teclado, vamos revisando de manera constante nuestro texto, a la caza de errores o pensando en las siguientes frases y párrafos. Por experiencia de manejar el T68 sin el modo A2, he comprobado que un lag significativo entre el teclado y la pantalla me descarrila el tren de pensamiento. Traté de escribir textos mínimamente desarrollados, y una y otra vez se me iba la pinza al cabo del rato, por el desfase entre lo que pensaba, lo que escribía y lo que salía en la pantalla.

¿Queréis escribir sin distracciones?

Echadle huevos al asunto, internos o externos. Abrid un editor de texto plano sobre fondo negro y poneos a escribir. Resistid las tentaciones de abrir el correo, twitter, navegador o whatever. Seguid escribiendo. Si tenéis que trabajar con textos complejos, os recomiendo Scrivener o Lyx. Y si queréis un aspecto perfecto, también os recomiendo Lyx. Es cosa vuestra.

Depende de vosotros.

No depende de la tarjeta de crédito

Depende de vuestra fuerza de voluntad

Ojo, ojalá que saliera un ewriter con las ideas claras y con la función anteponiéndose a la forma. Todavía tengo esperanza que los nuevos N96 o el Max de Onyx den suficientemente la talla. I want to damn believe. Quiero escribir bien al sol en primavera y verano

Pero antes está escribir. Que no se cansen tanto los ojos está bien, pero es más esencial disponer de un entorno sin distracciones y en el que puedas organizar bien tus ideas.

De hecho, la organización de las ideas es más importante que la escritura sin distracciones. Un editor de texto plano está bien, pero un árbol de textos o de secciones del texto como ofrece un outliner es más importante a poco que sea complejo el texto. Con un outliner, puedes bocetar tus ideas principales y aprovechar la no-linealidad de tu mente creadora. Puedes saltar de una sección a otra, apuntar algo que va a funcionar después pero no ahora, y no volverte loco en un texto enorme con anotaciones página tras página. Superar el paradigma de la máquina de escribir y aprovechar que estás usando un ordenador para escribir marca la diferencia a la hora de desarrollar un texto ordenado, realmente cómodo de leer y que ayude a convencer de las ideas que expresas en él, o a meter al lector en tu narración.

Precisamente ése es el problema del freewriter. Que por postureo hipstérico, imita físicamente a una máquina de escribir, cuando la máquina de escribir es una metáfora fósil que hay que superar para aprovechar mejor el tiempo que pasas aporreando teclas.

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